¡Feliz día de la madre!

Recuerdo cuando me convertí en padre por primera vez. Tenía una serie de sentimientos encontrados que, casi diez años después, aún no termino de entender. Sentía un inmenso amor, miedo, preocupación, emoción, y mil cosas más. Y por supuesto que traté de que aparentar que tenía todo bajo control y que no estaba asustado.

 

Justo en uno de esos momentos en que sentía que mi corazón se salía, volteé a ver a mi esposa. No podía creer la calma, la paz y el amor que ella emanaba, sobretodo después de las duras horas que había pasado antes de que nuestro hijo naciera. Me di cuenta que, mientras yo trataba de descifrar lo indescifrable, ella sobrellevaba el cambio con total naturalidad. Mientras yo trataba de ordenar mi cabeza, ella asumía su rol de madre con un profundo amor y una total entrega. Justamente ese amor sin mesura, es lo que celebramos hoy.

 

En el mundo, celebramos a las madres desde hace siglos. En la antigua Grecia y Roma, se festejaban a las diosas madres Rhea y Cybele. Cientos de años más tarde, la celebración se hizo muy popular en varios lugares de Europa. Pero fue hasta el siglo XIX en Estados Unidos en que esta celebración se consolidó a lo que hoy conocemos. En la tradición cristiana, mayo es el mes de la Virgen María, así que muchos países le dedican el segundo domingo de cada mes a las madres. En el caso de Guatemala, celebramos el día de las madres cada 10 de mayo desde hace algunas décadas.

 

A lo largo de mi vida he tenido la dicha de conocer y de trabajar con madres que me han dado grandes lecciones de amor, de entrega y dedicación. El ejemplo más grande que he tenido es el de mi propia madre, Patricia. Ella me ha enseñado muchísimas cosas como no rendirme, mantener mis valores siempre firmes y terminar bien todo lo que empiezo. Desde que tengo memoria, recuerdo haberla visto trabajar sin descanso los siete días a la semana, hombro con hombro con mi padre, para alcanzar sus metas y sueños. Hoy quiero celebrar a todas esas madres quienes, como la mía, no saben qué es tirar la toalla.

 

Celebro a todas esas madres emprendedoras, aquellas que consiguen tiempo extra de su manga para ejecutar con éxito proyectos propios. También celebro a aquellas madres solteras, quienes logran sacar adelante a sus hijos. Celebro a esas madres trabajadoras que, día a día, madrugan y se desvelan para darle a su familia lo mejor. Celebro a las madres que se dedican a su hogar y mantienen cada cosa en su lugar. Y, finalmente, celebro a todas esas madres guatemaltecas que, de una u otra forma, hacen de nuestro país, un lugar mejor.

 

Sin duda, ser madre no es fácil. No me imagino cómo, estas admirables mujeres, logran hacer todo lo que tienen que hacer y hacerlo bien. Como hombre, ciertamente no tengo esas mismas habilidades ni puedo “malabarear” con el sinfín de importantes responsabilidades a las que ellas le hacen frente y, de paso, hacer sentir especial a cada uno de los miembros de la familia (hijos y esposo) como que si fueran las únicas personas en el mundo para ellas. Sepan que son valoradas y apreciadas, que son amadas y respetadas. Pero además, sepan que existimos muchas personas, como yo, que las admiramos profundamente y que todos los días aprendemos algo de ustedes. Admiro la manera en que le hacen frente a los retos de todos los días, admiro cómo alcanzan cada una de las metas que se proponen y admiro la manera en que muchas de ustedes se esfuerzan por educar a ciudadanos de bien para sacar adelante a nuestro país. Este 10 de mayo, ¡muchas felicidades mamás!

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