Hacia un Nuevo Acuerdo pt. 2 y final

Hace dos semanas, compartí con uds. mis reflexiones sobre uno de los programas políticos que marcó la historia de Estados Unidos, el New Deal de Franklin D. Roosevelt (FDR). Se preguntarán, ¿qué tiene que ver eso con Guatemala? Para responder esa pregunta, les tengo una anécdota.

 

Recientemente una amiga viajó junto a su familia a Retalhuleu. La paupérrima situación en que se encuentran nuestras carretas no le sorprendió porque eso ha pasado a convertirse en algo “normal”. Sin embargo, hubo algo que capturó su atención. Ella me comentó que, en un momento del viaje, el tráfico se volvió aún más insoportable. Al llegar al punto en dónde este se generaba, se extrañó al darse cuenta que no eran camiones o carros descompuestos los que estaban ocasionando tal caos, sino que era una familia de tres personas con palas en sus manos, un padre, una madre y una niña. Los tres detenían uno a uno cada vehículo para “cobrar” el relleno de tierra que le habían hecho a los “cráteres” (porque no les podemos llamar de otra forma) que dificultaban la circulación en ese tramo del camino.

¿Por qué les cuento todo esto? Bueno, analicemos la situación. Estamos hablando de una familia de la provincia de Guatemala, en una situación económica y social sumamente complicada, desempleados, descuidados y aliándose de su “creatividad” para poder subsistir. Esa es la historia de miles de familias de nuestro país. Como verán, no solo se trata de una carretera totalmente abandonada y en mal estado que complica el traslado de familias, turistas y comerciantes. Se trata también de la pobreza, la malnutrición y desnutrición de familias enteras, el desempleo, la ausencia de inversión, la falta de educación, el poco (o nulo) acceso a servicios de salud y la lista sigue y sigue. La pregunta del millón es, ¿cómo revertimos esta situación? ¿Cómo terminamos de una vez por todas con este ciclo tan dañino que nos consume cada vez más?

 

Como les comentaba en la primera parte de esta serie, Guatemala requiere una propuesta integral como el New Deal de FDR. Necesitamos nuestro propio Nuevo Acuerdo que pase por tres etapas –como las tres R’s de FDR-: (i) aliviar el sufrimiento de los más necesitados, (ii) reactivar la economía e (iii) implementar las reformas de largo plazo para lograrlo. Y no me refiero a una propuesta socialista que promueva un Estado paternalista. Me refiero a un plan debidamente diseñado que no caiga en el clientelismo ni en la corrupción, y que le permita a la población más necesitada levantar su cabeza y tener una vida digna. ¿Y cuáles son los insumos para ese Nuevo Acuerdo?

 

Ese Nuevo Acuerdo pareciera requerir tres elementos esenciales. Como primer punto, debemos trabajar –como país- para aliviar el sufrimiento de lo más necesitados y ayudarlos a salir del ciclo de la pobreza. Programas de capacitación en nuevas habilidades y de colocación de empleo podrían apoyar a aquellos que hoy están condenados a mantenerse en actividades económicamente obsoletas. En segundo lugar, tenemos mucho que aprender de la manera en que FDR reactivó la economía de Estados Unidos. En Guatemala podemos implementar un modelo similar y usar la infraestructura como un motor generador de empleo. Ello, a la vez que reduce los costos de logística, aumenta el acceso a servicios básicos como salud y educación, para toda la población. Y, en tercer lugar, para que ese motor de empleo sea sostenible en el largo plazo, debemos implementar una serie de reformas en leyes como la Ley de Carrera Judicial, Ley de Compras y Contrataciones, Ley Electoral y de Partidos Políticos y Ley de Servicio Civil. Tales reformas habilitarán un entorno que propicie la la inversión y el mejoramiento de la institucionalidad. Además, debemos implementar las reformas fiscales que por años hemos postergado y que servirían para generar los recursos públicos para cubrir la infinidad de necesidades que tenemos en áreas como salud y educación.

 

Estamos iniciando un nuevo año, y no es como cualquiera, sino que un año pre-electoral. Estamos a tiempo para implementar las reformas que nos permitan cambiar las reglas del juego, las cuales actualmente perpetúan los vicios del pasado. Pero tales cambios no sucederán por inercia. Estos cambios serán una realidad hasta que entendamos que, solo a través del diálogo y la búsqueda de consensos, podremos lograr los cambios que necesitamos. Me parece que debemos valorar que somos diferentes y pensamos de forma diferente. Sin embargo, todos añoramos vivir en un mejor país. Buscar un Nuevo Acuerdo podría sentar las bases para un diálogo nacional que nos ayude a definir ese “norte” que tanto le hace falta a nuestra brújula de país.

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